Hace una semana, la Cámara de Diputados del actual Congreso, con 100 votos a favor, derogó la Ley 32645 que crea el Colegio Profesional de Artistas del Perú, polémica iniciativa que generó la desaprobación general de la comunidad artística peruana. A todas luces, querer encorsetar al arte, quitarle su libertad en todas sus expresiones, vulneraba la esencia de una actividad que no merece estatutos y reglamentos para ejercerla. Además, ser un nación multicultural, en la que desde tiempos ancestrales podemos presumir de expresiones artísticas milenarias, exigir títulos universitarios o técnicos a nuestros artísticas para poder ejercer su trabajo era un total despropósito. Finalmente, tras la protesta de la comunidad artística por unanimidad, el vapuleado Colegio Profesional de Artistas del Perú es hoy solo un recuerdo. Sin embargo, en los últimos años, a pesar de las buenas intenciones de todas las autoridades de turno, y de la existencia de la Ley del Artista, la 19479, que regula las relaciones laborales del sector, la situación del gremio no ha mejorado. No es una novedad, que todos los años, somos testigos de la aparición de actores, cantantes o músicos, que lanzan desgarradores pedidos de ayuda por no tener recursos para solventar sus gastos más básicos. No basta con preguntar qué fueron de los ahorros de figuras que tuvieron muy buenas épocas, deberíamos saber porqué ellos no están en los sistemas de salud tras años de trabajo. La ley contempla preservar los derechos morales y patrimoniales de los artistas, derecho de remuneración y regalías, cuotas de participación y beneficios sociales y regulación de jornadas laborales. Todo suena lindo, es un escenario perfecto y bello para el papel, ¿pero se cumple o es letra muerta? Hoy, en tiempos de redes y plataformas se abre un nuevo panorama que exige a los integrantes del gremio artístico a estar alertas para exigir sus derechos. ¿Las plataformas de música realmente pagan lo que se merecen nuestros intérpretes y ejecutantes? ¿Se abona a los actores lo justo por derecho de repetición de su participación en series, películas o telenovelas? Y lo que ya es una realidad, el uso de la inteligencia artificial en contenidos audiovisuales que reemplazaría la imagen y voces de actores sin su permlso. El panorama se presenta preocupante y desolador. A tomarlo en cuenta.




