Indignantes por donde se miren los insultos lanzados por el excandidato presidencial Carlos Álvarez, quien al lado del virtual primer regidor electo por Lima, Rafael López Aliaga, se quiso hacer el “gracioso” delante de un grupo de niños de Lurín, al lanzar irreproducibles agravios contra el presidente del Jurado Nacional de Elecciones (JNE), Roberto Burneo.

Meses antes, López Aliaga había incurrido en insultos similares, tras los resultados de la primera vuelta electoral. Por eso ahora, y nos parece muy bien, el procurador del JNE ha procedido a denunciar a ambos por los presuntos delitos penales de acoso y coacción. El Poder Judicial tendrá la última palabra.

Se puede discrepar con cualquier persona y más si es una autoridad pública. De hecho, en Correo hemos cuestionado duramente, y lo seguiremos haciendo, tanto al JNE como a su titular por el lamentable rol desempeñado en los dos últimos procesos electorales. Lo mismo sucede con la Oficina Nacional de Procesos Electorales (ONPE).

Sin embargo, pasar al insulto ruín, y delante de niños, es otra cosa que no debería ser pasada por alto. Eso no tiene nada de “gracioso” ni demuestra que el político es “enérgico” o que “no tiene pelos en la lengua”. Esto es simplemente un ataque que demuestra lo bajo que ha caído la actuación política de ciertos personajes.

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