El Congreso eligió presidente a José Balcázar, continuidad del pacto corrupto y mafioso enquistado en él. No tenían mejor propuesta entre el racismo y la prepotencia, frente al abogado expulsado de su colegio departamental y defensor del matrimonio infantil.

Estamos ante un nuevo capítulo de la crisis política desde 1990, cuando Alberto Fujimori violentó el equilibrio de poderes y debilitó el Estado para saquearlo. Hoy, los partidos enquistados en el Congreso como Renovación, APP, Fuerza Popular, Perú Libre, Podemos y Somos Perú continúan ejerciendo el poder, aunque discutan entre ellos por una porción mayor de la torta del mismo.

Keiko Fujimori acusa a Rafael López Aliaga y viceversa. Ambos se desgarran vestiduras ante la “amenaza izquierdista que llega nuevamente al poder”, cuando la verdad es que este acuerdo busca la sobrevivencia e impunidad de congresistas y políticos acusados. ¿No es así Cerrón, Keiko, López Aliaga?

Es tan débil políticamente que solo 64 de 130 eligieron presidente y sus encargos serían la seguridad ciudadana y las elecciones, manteniendo el modelo económico desigual. Para eso eligieron a Hernando de Soto, exasesor fujimorista. Está claro que “esta democracia no es democracia” y que este gobierno no es de izquierda.

Cinco meses parecen poco, aunque en días, José Jerí promulgó la privatización de Petroperú y contrató con Estados Unidos por más de USD 3500 millones por aviones, hipotecando el futuro del país. Nada podemos esperar de este gobierno al servicio de los grandes poderes económicos que lo mantendrán mientras les sea útil. Las diferencias internas resultan secundarias.

Queda ser vigilantes, denunciar y organizarse para cambiar.