Pese a la risa burlona que mostraba ayer al momento de su detención en Tacna, la suerte se le acabó a la expremier Betssy Chávez, contra quien la Corte Suprema de Justicia ha dictado 18 meses de prisión preventiva como parte del proceso que afronta por su evidente participación en el golpe del Estado dado por Pedro Castillo el siete de diciembre pasado, cuando intentaron cerrar el Congreso y adueñarse del sistema de justicia.
Sin duda Chávez tuvo mucha suerte desde que de la nada salió elegida congresista por Perú Libre. No se le conocía mayor recorrido profesional ni político, pero el partido del corrupto Vladimir Cerrón la puso en el Congreso. De allí saltó al Ministerio de Trabajo y Promoción del Empleo, de donde fue censurada por incompetente mientras se conocía el escandaloso plagio de la tesis con la que obtuvo su título de abogada.
Pese a estos antecedentes, Castillo volvió a llevar al gabinete a la suertuda Chávez. Esta vez le dio el Ministerio de Cultura y finalmente, cuando el barco se hundía en medio de denuncias de corrupción, la puso de premier en reemplazo del impresentable de Aníbal Torres, quien quedó como asesor. Fue en ese momento en que vino el golpe de Estado que se trajo abajo el inepto y putrefacto régimen del ahora recluso del penal Barbadillo.
Ahora la sonriente Chávez, expulsada del Congreso, tendrá que afrontar desde la cárcel su proceso judicial por los presuntos delitos de rebelión y conspiración, mientras la suerte que ahora la ha abandonado, sigue del lado de quienes, aparte de Castillo, serían sus cómplices en el golpe de Estado: Torres y los exministros Willy Huerta (Interior) y Roberto Sánchez (Comercio Exterior y Turismo), quienes siguen gozando de libertad.
Siempre fue evidente que un personaje tan limitado como Castillo, no pudo dar solo un golpe de Estado, por más mamarracho que este haya sido. Está claro que hubo cómplices y todo indica que la expremier Chávez fue una de las principales implicadas en este intento, nada menos, de romper el orden constitucional y la separación de poderes para adueñarse del país. Fracasaron y ahora tienen que afrontar las consecuencias mientras esperan la sentencia final.




