La ratificación del embajador Hugo de Zela como ministro de Relaciones Exteriores debe de haberle caído como un baldazo de agua fría a la prófuga Betssy Chávez, quien con la llegada de José María Balcázar al poder creía que se le iba a otorgar el soñado salvoconducto para irse a gozar de un asilo-vacaciones con todo pagado a México.
Recordemos que fue con el canciller De Zela, durante el corto gobierno de José Jerí, que se rompieron las relaciones con México luego que este país diera el asilo a la golpista que logró escapar gracias al mal trabajo del Ministerio Público.
Con De Zela en Torre Tagle, la política de rechazo hacia la insolente presidenta mexicana Claudia Sheinbaum, gran escudera del golpista Pedro Castillo y sus cómplices, será la misma. No se puede pedir otra cosa respecto a ese gobierno izquierdista contaminado por la narcocorrupción.
El ratificado canciller es un diplomático de experiencia, que es lo que se necesita, además, en medio de la guerra fría comercial entre Estados Unidos y China, muy relacionada a la presencia del puerto de Chancay. Es necesario hilar fino y eso no lo hace un improvisado ni un principiante.




