En marzo del 2015, el profesor Enrique Bernales publicó un artículo dirigido a quienes tenían la intención de ingresar en política, donde daba valiosas recomendaciones de irrefutable vigencia en la actualidad. “Una de las dimensiones éticas de la política consiste en que el poder que da un cargo público sea empleado para servir y no para servirse de él”, sostenía.

Recomendaba como indispensable para un político, su preparación. “Si no le gusta leer, si cree que basta con informaciones de prensa, por favor, no se meta en política”, emplazaba. Pedía leer la Constitución y comprender sus alcances y trabajar algunas categorías de análisis relevantes: democracia, gobernabilidad, derechos humanos, globalización, tratados de libre comercio, Naciones Unidas y estructura del poder mundial.

“No olvide que es ley de la política que el odio, las persecuciones, las intrigas y las posiciones ‘anti’ jamás dan el resultado apetecido; respete las instituciones democráticas, cumpla con sus promesas electorales, no sea demagogo o populista, no sea obsceno, procaz o prepotente, sea educado, y no ofenda ni insulte. La regla fundamental de la democracia es el respeto a la dignidad de la persona”, señalaba Bernales.

Lamentablemente, el deterioro de la clase política es proporcional al rechazo de la ciudadanía. Como ejemplo está complicidad absurda de los grupos parlamentarios que defienden a los conocidos “mochasueldos” a cambio de un voto para preservar u obtener cuotas de poder en el Congreso. La tarea de los elegidos es adecentar la política, buscar consensos para fortalecer la democracia y fijar una agenda común para impulsar el desarrollo del país.