Entre el 28 de julio de 2016 y el 27 de julio de 2026 el país, conforme a su Constitución, debió haber tenido solamente dos presidentes: uno para el período 2016-2021 y otro para el 2021-2026. Sin embargo, hemos tenido seis presidentes más, cuya designación responde a vacancias, renuncias, censuras y sucesiones congresales que ponen en evidencia una débil gobernanza, un inconsistente desempeño democrático y ausencia de valores en muchos de los actores políticos.
En la práctica reciente, la salida de presidentes en ejercicio y la asunción del mando por parte del titular del Congreso han dependido del voto de los congresistas, por decisión personal o de bancada (¿?). La corrección de los procesos no elimina una pregunta inquietante: ¿hemos fortalecido la democracia y los desempeños cívicos o solo hemos administrado las crisis dentro de la legalidad?
Analistas, periodistas, politólogos y observadores peruanos y extranjeros evalúan críticamente nuestra gobernanza de los últimos tiempos. Un país democrático no se define únicamente por cumplir procedimientos legales, sino por la responsabilidad con que sus actores los utilizan en un marco de prudencia, oportunidad y sentido de nación, privilegiando los valores republicanos y el bien común.
Los peruanos tomamos nota de lo ocurrido. También los estudiantes. En pocos días más de dos millones volverán a colegios privados y semanas después, más de seis millones y medio a las escuelas públicas. Los ciudadanos no leemos la política como teoría: la vivimos cotidianamente. Lo ocurrido en el Perú en los últimos días debe ser materia de reflexión y debates, sin proselitismo político-partidario, en las aulas y otros espacios desarrollando el pensamiento crítico y la formación integral. ¡Ciudadanía cívica y ética: ¡Ahora!




