A raíz de los últimos sucesos en el Congreso, escribí hace unos días en la red X lo siguiente: “La politiquería no se lee, se vive en nuestro país. Los partidos políticos no solo deben aspirar a llegar al gobierno por el voto, sino ejercer en el Congreso y en el Ejecutivo una conducta cívica y ética ejemplar. De lo contrario, la democracia peruana se debilita peligrosamente”.¿Por qué lo afirmé? Porque como educador y ciudadano considero que una democracia consistente y plena exige gobernabilidad “orientada al bien común y no a la distribución del poder a los intereses particulares de grupos, partidos o personas”. Las instituciones pueden funcionar formalmente, pero si se pierde el sentido moral de las decisiones y acciones públicas, la democracia se cumple solo en el papel y no en la conducta ética, individual y grupal, de sus gobernantes.Con frecuencia diversas autoridades reclaman más cursos de Educación Cívica en los colegios: esta formación ya existe en inicial y primaria (con el área Personal Social) y en secundaria (con el área de Desarrollo Personal, Ciudadanía y Cívica). Por eso es que durante mis años de funcionario en el Ministerio de Educación expliqué a ministros, congresistas, jueces, fiscales y líderes sociales que en el sistema educativo peruano sí se desarrollan aprendizajes para la ciudadanía y el civismo Lo preocupante es que muchos políticos del Ejecutivo y Congreso, así como autoridades y lideres nacionales y regionales –que exigen al sistema educativo enseñar educación cívica en el marco de una ciudadanía plena con valores– no siempre la viven en sus decisiones para el bienestar de la patria. “Civismo y democracia: enseñar con el ejemplo”.

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