Es curioso que, después de una catástrofe, muchos políticos como presidentes, ministros, diputados y autoridades locales reaccionen casi de la misma manera: publican mensajes de solidaridad, convocan a la unidad y, rápidamente, aparecen en el lugar de los hechos para registrar su presencia. No necesariamente hay algo malo en ello.
Una autoridad debe conocer las necesidades de la gente para responder frente a una emergencia. El problema surge cuando confundimos informar con comunicar.
Porque informar es contar que estuvimos allí. Comunicar supone mucho más.Las ciencias sociales llevan años en materias de comunicación política en diferentes contextos: electoral, gubernamental, de crisis y de riesgo. Para quienes quieran profundizar en este campo, los trabajos de Mario Riorda ofrecen una referencia importante.
El contexto ordena la comunicación. Una catástrofe no es una campaña electoral. No es el momento para convertir la tragedia en una sucesión de publicaciones para demostrar quién estuvo primero, quién abrazó más afectados o quién consiguió la fotografía más emotiva.
En una situación de crisis, la comunicación tiene una responsabilidad concreta: contribuir a cerrar la crisis y reducir la incertidumbre.
Por eso, una autoridad que enfrenta un terremoto, un huaico, una inundación debería preguntarse antes de publicar: ¿esta información ayuda a las personas a saber qué hacer?, ¿reduce su preocupación?, ¿explica qué hace el Estado? Si la respuesta es no, estamos frente a propaganda política.Podemos tener cientos de fotografías, videos y mensajes llenos de solidaridad, pero seguir sin responder las preguntas de los afectados no ayuda a cerrar la crisis: ¿Dónde recibiré ayuda?, ¿qué zonas son seguras?, ¿a quién debo acudir? y ¿qué hará la autoridad y cuándo?
Cuando un gobernante comunica una crisis como si estuviera en campaña electoral, corre el riesgo de convertir el sufrimiento en un acto político.
¿Las publicaciones de Keiko Fujimori que muestra sombreros u otros obsequios después de una emergencia contribuyen realmente a cerrar una crisis o reducir la incertidumbre de la gente? La pregunta no es si una fotografía es buena o mala. La pregunta es para qué sirve esa fotografía en un contexto de crisis.




