El notable filósofo Augusto Salazar Bondy publicó en 1969 su ensayo Entre Escila y Caribdis. Reflexiones sobre la vida peruana. En esa interesante obra ensayística, el filósofo, como estudioso de la realidad nacional, sostiene que el Perú es un país subdesarrollado que atraviesa un grave problema de integración social, y que los diversos componentes que en lugar de enriquecer y estimular la originalidad de la comunidad, tienden a desquiciar la personalidad colectiva. A pesar del matiz y orientación que Salazar Bondy hace del concepto de subdesarrollo, tomaremos ese concepto para repensar nuestra trágica realidad, tan tristemente caracterizada por los conflictos sociales agudos. Que en diversas regiones del Perú predomina el subdesarrollo en infraestructura, es un hecho incontestable. Las diversas estructuras gubernamentales (nacional, regional y local), se han desenvuelto de manera ineficiente y a pesar de la enorme cantidad de recursos, de la gigantesca transferencia económica, el Estado peruano no ha podido satisfacer las necesidades básicas de los peruanos para que todos sin excepción puedan llevar una vida humanamente digna. Pareciera que los gobernantes elegidos por el consentimiento libre del cuerpo electoral y los funcionarios empleados en la administración pública, han olvidado que –como decía el papa León XIII en una vieja encíclica– “el poder político ha sido constituido para utilidad de los gobernados”. La autoridad política ha sido conformada para mejorar considerablemente la vida de los ciudadanos, no para perjudicarla. Este subdesarrollo, en especial en las regiones del Perú profundo, es un escándalo conociendo, por ejemplo, los ingentes recursos provenientes del canon.




