El problema de entendimiento entre las cámaras parlamentarias se enfoca en la exclusiva competencia de iniciativa legislativa de los diputados frente a un Senado que cumple una función revisora de los proyectos de ley aprobados por la Cámara Baja. La Constitución de 1979 optó por implementar un principio de reciprocidad para el procedimiento legislativo. Las dos cámaras gozaban de iniciativa legislativa y los proyectos pasaban de una a otra para su recíproca revisión y modificación sin desnaturalizarlos. De este modo, diputados y senadores desearían ser igualmente tratados al presentar sus proyectos y, ante cualquier desavenencia, optar por el mecanismo de conferencias entre comisiones para lograr mutuos entendimientos.

Las primeras horas de funcionamiento de la bicameralidad son diagnosticadas como una parálisis congresal; en ese sentido, ante una división de competencias en materia del procedimiento de producción legislativa, el ejercicio de la política debería operar para alcanzar los acuerdos que permitan una saludable dinámica entre ambas cámaras. La tormenta perfecta (fenómeno climatológico, inseguridad ciudadana, impulso del crecimiento económico, entre otras variables) impidió una progresiva transición; recordemos que la experiencia unicameral (inmediación y debate único) es la más longeva en el marco de una inédita alternancia democrática. Las coordinaciones políticas entre cámaras deben ponerse en práctica y consolidarse mediante el ejercicio de las conferencias. No olvidemos que quienes hoy son oposición, mañana podrían ser gobierno. La parálisis no proviene de un vacío en la Constitución, sino de la falta de uso de los canales de coordinación política que permitan destrabar la función legislativa y el entendimiento entre ambas cámaras.

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