En las últimas horas, entre sábado y domingo, se han producido fuertes movimientos telúricos con epicentros en los alrededores de Chimbote (Áncash) y Cañete (Lima) que han sacudido la costa norte y central del país, por el desplazamiento de la siempre activa Placa de Nazca, que han dejado algunos heridos y ligeros daños materiales.
Estos remezones son un recordatorio de que estamos en una zona de elevada actividad sísmica y que los expertos han adelantado que en cualquier momento Lima y la costa central van a padecer un terremoto descomunal para el que tenemos que estar preparado. Esta advertencia no es especulación, es una afirmación científica.
Pero volviendo a los sismos de las últimas horas, especialmente a los que tienen epicentro cerca de Chimbote, muchas veces hemos advertido del peligro que hay en el Callejón de Huaylas, donde los desprendimientos de glaciares ya han provocado aluviones y tragedias como las de Huaraz (1941), Ranrairca (1962) y Yungay (1970).
Atención con la laguna de Palcacocha, en las alturas de Huaraz, en la Cordillera Blanca, donde la posibilidad de un desborde por la caída de rocas, lodo y hielo por un eventual sismo o sin él, pondría en grave riesgo la vida de la población de la capital ancashina, tal como ya sucedió en 1941. El Ministerio del Ambiente conoce muy bien todo esto.



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