En estas últimas semanas, el rating y sus números se han vuelto a poner sobre el tapete, no para analizarlos al detalle, sino como elemento para descalificar programas y contenidos. Hay que ser muy elemental, sobre todo quienes se autodenominan especialistas en el tema, para considerar que los promedios de audiencia de hace algunos años tienen que ser los mismos de hoy. Recordemos el impactante final de temporada de “Al fondo hay sitio” en diciembre de 2010, con el atentado a Peter (Adolfo Chuiman) y cuyo desenlace quedaba abierto hasta el próximo año. Logró un promedio de 50, 7 de rating, consiguiendo un récord para un programa de ficción que no se ha vuelto a superar.
Dieciséis años después, traemos de vuelta esta contundente cifra, para reafirmar que estamos en otros tiempos, no es ninguna novedad que los espacios en señal abierta de la televisión atraviesan por una tendencia a la baja que está lejos de esas cifras históricas del pasado, que no necesariamente tiene que ver con la calidad de las propuestas, ni el horario. Ahora esa televisión tradicional tiene nuevos competidores: las plataformas de streaming y las redes sociales y la preferencia de los jóvenes en consumir contenidos por esa vía. Inclusive, muchos ven los programas de señal abierta en vivo por los canales en YouTube de las televisoras, logrando cifras muy importantes que no son tomadas en cuenta en la medición del rating. Por eso, los productores de telenovelas, magacines, noticieros, están generando contenido digital en la redes sociales para llegar a un público que no está acostumbrado al consumo en señal abierta.
En una sana convivencia entre las propuestas que se generan para la pantalla chica, y su proyección para las redes, deberían enfrentarse los nuevos tiempos en los que la medición del rating también debería actualizarse con las cifras de quienes ven ese mismo contenido en YouTube. Lo que se debe descartar es soñar que regresen esos números contundentes de los 30, 40 y 50 puntos que, sin temor a equivocarnos quedarán en el santuario de los récords televisivos. En 2026, cada canal local sabe cuáles son sus programas bandera, sus cifras, sus nichos y su potencial para comercializarlos. Se vienen más cambios y siempre habrá que estar un paso adelante para no dejarse sorprender.




