En la presente semana, contemplaremos los primeros movimientos políticos en el Pleno de la honorable Cámara de Diputados. Recordemos que, según el artículo 29, del Reglamento del Congreso de la República, “el Pleno es la máxima asamblea deliberativa del Congreso. En él se debaten y se votan todos los asuntos y se realizan los actos que prevén las normas constitucionales, legales y reglamentarias”. Con infinitas ansias esperamos los discursos críticos, serenos, desorientados o precisos, que tronarán desde la tribuna parlamentaria. Como la política es impredecible, las maniobras internas pueden alterar los pronósticos de los más espabilados analistas sobre el resultado de las votaciones. Ahora, veremos la capacidad o incapacidad de los congresistas oficialistas y aliados estratégicos del Gobierno para persuadir al bloque opositor. Será una disputa reñida, ya que el principal interés de la izquierda opositora con tintes de radicalismo y obcecación, es desarreglar hasta el extremo las propuestas del Ejecutivo para impedir que puedan trabajar con regularidad y según tienen previsto. Es probable que los apasionamientos ideológicos de la izquierda radical dificulten el progreso de los acuerdos en Diputados, ya que –parafraseando a José de la Riva Agüero y Osma– “muchos congresistas tienen una mirada microscópica de la política”. Es decir, que por conveniencia serían capaces de mantener el lamentable estado actual de las cosas, para evitar que el Gobierno tenga facultades suficientes para combatir con eficacia la seguridad ciudadana y el fenómeno El Niño. Esa actitud tiránica de cierta izquierda radical, puede prolongar el debate sin mostrar atisbos de acuerdos.




