Habrá segunda vuelta entre Keiko Fujimori de Fuerza Popular y, lo más probable, Roberto Sánchez, de Juntos por el Perú. Tienen en común una bajísima votación abriéndose las puertas a un nuevo periodo de inestabilidad política. Lima y sectores del norte costeño, frente a la sierra y el sur andino. Un mapa peruano fraccionado.
López Aliaga, racista indudable, acusa de fraude sin prueba alguna, presiona a la ONPE y Piero Corvetto, porque se sabe perdedor.
Estas elecciones dispersas y fragmentadas fueron orquestadas desde el Congreso que termina. Con 15% de los votos, obtienen mayoría en Senadores y Diputados. Han transformado la actuación política en sinónimo de falta de legitimidad, aprovechamiento personal de los fondos públicos y eliminación del rol redistribuidor del Estado hacia las mayorías excluidas.
La derecha pretende no volver a perder la elección presidencial, mantener el control del país, copar Ejecutivo, Legislativo, Judicial, el sistema electoral, la Defensoría del Pueblo, la Junta Nacional de Justicia y el Ministerio Público, y quedarse si lo permitimos.
La votación reivindicativa de los sectores populares se dirigió, sabiamente, al voto viable y sin dispersarse ha recompuesto las opciones políticas manteniendo la opción dignificadora de su voto y derecho. Es un voto identitario y no podemos ignorarlo.
Planteamos apoyar a Juntos por el Perú porque, a pesar de las discrepancias, tenemos propuestas que concuerdan: Constitución multicultural, industrialización con empleo y remuneraciones dignas, y Estado claramente promayorías.
Es preciso derrotar el pacto mafioso que gobierna porque necesitamos avanzar en democracia social, económica y política. Toca defender el voto popular.




