Qué terrible es viajar ahora en un ómnibus interprovincial. Un vehículo con pasajeros, que se dirigía de sur a norte rumbo a Lambayeque, ha sido atacado a balazos en la Panamericana norte, una acción propia de los extorsionadores que siguen causando terror y ganando espacio. Basta con mirar las cifras: 200 ataques en dos años, para saber que la estrategia gubernamental no ha dado resultados óptimos. ¿Seguiremos conformándonos con promesas?

Es conocido que el transporte urbano se ha convertido en el blanco de las organizaciones criminales en diversas partes del país, en especial el norte peruano. Estas unidades cancelaban por vueltas ciudadanas, en una especie de cobro al menudeo. Luego se fue escalando a la obligatoria seguridad particular que ofrecían las bandas delincuenciales. Lamentablemente, como sociedad hemos normalizado que la extorsión galope sin límites.

Hace un par de años, un integrante de la conocida agrupación musical Armonía 10 perdió la vida en un ataque a su ómnibus, también, en el cono norte. Y se recuerda que se buscó un chivo expiatorio, como el apodado “Monstruo”, para echarle la culpa de todos los males de los transportistas. El problema es que su captura, como vendió la Policía, nunca detuvo la extorsión. Ni la detendrá porque no basta con atrapar delincuentes, sino que urge prevenir.

Esperemos que el nuevo gobierno nos presente el plan estratégico a ejecutar en los próximos cinco años. Igual debe informar si lo que anunció el expresidente José Jerí, sobre la lucha contra la delincuencia, sirve o lo envían al tacho. Ya no podemos estar lanzando bombas de ensayo cuando se trata de la vida de las personas. Y esto no es terrorismo urbano para aplicar planes antisubversivos, sino delincuencia organizada que se combate con trabajo preventivo.