La ubicación de los tres primeros lugares, Rafael López Aliaga (11,9%), Keiko Fujimori (9,2%) y Carlos Álvarez (5.8%), según la última encuesta de Datum Internacional, muestra, en efecto, una consolidación de estas posiciones, pero en un país como el Perú, a dos meses de las elecciones, esto podría ser solo una anécdota.
Algunos datos de elecciones anteriores, sin embargo, permiten llegar a algunas consideraciones dignas a tener en cuenta. Una primera, es la posibilidad de que se repita el escenario de 2016, cuando la desgastada presidencia de Ollanta Humala se tumbó cualquier candidatura de izquierda y permitió que a la segunda vuelta pasen dos opciones de centroderecha, PPK y Keiko Fujimori. Se espera que la debacle castillista-cerronista pase factura.
Un segundo punto, no soslayable –a propósito de consistencias– es que el voto fujimorista se ha mantenido firme en la primera vuelta de las tres últimas elecciones con 23.56% en 2011 (segundo lugar), 32,64% en 2016 (primer lugar) y 10.9% en 2021 (segundo lugar), lo que ha permitido que Keiko Fujimori esté siempre en segunda vuelta. Si la actual fragmentación del voto se mantiene, ¿el núcleo duro del fujimorismo podría repetir ese escenario?
Un tercer punto pasa por confirmar la poca proyección que muestra el abanico de izquierda, con un Alfonso López-Chau con 3.8%, congelado en un cuarto lugar, y con extremistas como Ronald Atencio, Roberto Sánchez y Ricardo Belmont envueltos en un radicalismo obtuso y desfasado, que no ha calado ni siquiera en los sectores más antilimeños del sur del país.
Finalmente, por la tiranía del espacio, hay que reconocer que entre el voto blanco, nulo y viciado (27,6%) y el “no sabe” (14,9%) hay un 42.5% de indecisos que bien podrían reconfigurar el mapa electoral. Es cierto, falta mucho, pero hay mensajes en el camino.




