Si el mayor legado de la Grecia del mundo antiguo a la humanidad fue la democracia, de Estados Unidos de América, que alcanzó su independencia de Inglaterra, el 4 de julio de 1776, lo es de la democracia de la Edad Moderna.

La premisa anterior como expresión de una pétrea tradición política de 244 años, desde que las exTrece Colonias se hicieron Estado independiente, pregonando los principios de igualdad y libertad, en el momento actual parece inexistente, pues el Capitolio, sede del Poder Legislativo del país más poderoso de la Tierra, ayer fue tomado por una turba que se apoderó de sus instalaciones por un tiempo suficiente como para lograr impedir una sesión conjunta de los senadores y de los miembros de la Cámara de Representantes, que debían formalizar la victoria electoral del candidato demócrata, Joe Biden, conseguida en las elecciones del 3 de noviembre de 2020 y que fuera confirmada, además, por la votación de los miembros del Colegio Electoral (538), el último 15 de diciembre.

La sesión que debió oficialmente ungirlo como cuadragésimo sexto presidente del país fue cancelada. Todo lo que ha sucedido es muy penoso para la historia política de EE.UU. y hasta la idea de un golpe de Estado, constituye un muy mal ejemplo para la niñez y juventud, el mayor capital con que siempre ha contado el ideario político estadounidense en su historia más que bicentenaria.

También lo es para los países de América Latina que han venido haciendo esfuerzos por el fortalecimiento de sus instituciones políticas más allá de las grandes fracturas que persisten en países como Cuba, Nicaragua y Venezuela. En efecto, nada más trágico para un Estado que el debilitamiento de sus instituciones políticas y aunque hay varios responsables de lo que ha acontecido ayer en Washington, no cabe la menor duda de que el presidente saliente Donald Trump, tiene responsabilidad política porque no ha sido capaz de aceptar su derrota electoral y lejos de ello, ha venido resistiéndose en la idea de que podría continuar al frente del país por 4 años más. La elucubración del líder republicano debe acabar poniéndole coto a sus berrinches políticos que impactan a la imagen internacional del país.