Poco antes de las 2 y 30 de la tarde de ayer, el Congreso decidió censurar y retirar de la Presidencia de la República a José Jerí Oré, por lo que se espera que hoy en la noche tengamos un nuevo jefe de Estado, el cuarto del quinquenio iniciado por Pedro Castillo, el octavo desde que Pedro Pablo Kuczynski llegó al poder en 2016, lo que es una muestra clara de que la inestabilidad política es una constante en nuestro país que habría que ver cómo es mirado desde el exterior.
El gran responsable de esta situación es el propio Jerí, un político de media tabla para abajo salido de las canteras de un partido venido a menos como Somos Perú, que jamás debió llegar a la Presidencia del Congreso debido a los dudosos antecedentes que traía en las espaldas. Una mejor opción, sin duda, era el vicealmirante José Cueto, pero los acuerdos bajo la mesa encumbraron a quien saltó a la luz pública por una denuncia por violación sexual surgida tras un fin de semana de juerga en las afueras de Lima.
Una vez que se le dio la oportunidad, Jerí pudo hacer las cosas bien con el gabinete que, contra todo pronóstico, logró armar. Solo tenía que dedicarse a hacerle frente a la criminalidad, mantener la economía en piloto automático y garantizar la limpieza de las elecciones. Eran apenas ocho meses de mandato en los que debía portarse bien, pero más pudieron las reuniones oscuras en empresarios chinos –que fue el argumento principal de la censura–, y su afición por reunirse con señoritas y luego darles empleo en el Estado.
El Perú sale golpeado de todo esto. Nadie puede vernos como un país serio con esa rotación de presidentes, producto de la clase de personajes que llegan a la política, y del escaso interés que despierta en gente valiosa. Una muestra de eso es que tenemos 36 candidatos presidenciales, pero si juntamos a todos no llegamos a sacar cuatro o cinco entre buenos y regulares. Por eso nadie supera el 12% de las preferencias.
Hoy en la noche el Congreso debe elegir entre Héctor Acuña, María del Carmen Alva, Edgar Reymundo y José María Balcázar, quién debe ser el próximo jefe de Estado hasta el 28 de julio. En lo personal, ninguno me entusiasma mucho, aunque lo del último de los señalados más parece una tomadura de pelo. Sin embargo, no se puede esperar mucho de este Poder Legislativo de “niños” y “mochasueldos”. Cuidado con que a este paso, terminemos extrañando a Dina Boluarte o al propio Jerí.




