Ayer en una de las tantas audiencias judiciales en las que participa el expresidente Pedro Castillo desde que fue a parar a la cárcel por golpista y por ser el presunto cabecilla de una banda de delincuentes, el profesor volvió a hacer circo junto con su abogado, al afirmar, entre otras cosas, que está “secuestrado” hace siete meses y que quebró el orden constitucional debido a las presiones del Congreso que buscaba su vacancia, como si esto último no estuviera dentro del marco de la legalidad.
Pero no solo eso. En el mes de las carpas de circo, el recluso de Barbadillo insistió en quejarse de los “grupos de poder” y de la prensa. Dijo, como tantas veces, que no aceptaron que él venga del ámbito rural a luchar contra la corrupción, a dar ingreso libre a las universidades y a anular los contratos ley. Puro floro barato, pura demagogia. En otras palabras, el sujeto siguió dándole a su discurso de victimización para mostrarse como el “pobrecito” que sufre por su familia desde la cárcel.
Habría que decirle a este sujeto que el único responsable de que haya sido echado del cargo por el Congreso y encerrado donde le corresponde estar, es él mismo por haber dado un golpe de Estado. Que le reclame a Betssy Chávez, a Aníbal Torres y a cualquier otro “genio” del derecho, la historia y la ciencia política que lo animó a leer su discurso golpista que solo se lo creyeron sus amigos de la izquierda e impresentables de alcance continental como Andrés Manuel López Obrador y Gustavo Petro.
Castillo debería saber que si no se hubiera disparado a los pies con su cantinflesco golpe del 7 de diciembre de 2022, quizá seguiría en Palacio de Gobierno rodeado de Chávez, de Torres y de Alejandro Salas, y quizá recibiendo como siempre a sus amigos senderistas reciclados en el Movadef y sus prefectos ayayeros, mientras el país continuaría rumbo al abismo en medio de la ineptitud del corrupto régimen dedicado a “trabajar” con gente como Sada Goray para que se deje “alguito”.
Lo bueno de ayer es que el vocal supremo a cargo de la diligencia, Juan Carlos Checkley, aclaró y puso en su sitio al golpista al decirle que él no es ningún “secuestrado”, sino que está preso a raíz de una sentencia dada por el Poder Judicial. Sin embargo, lo más probable es que ante la falta de argumentos jurídicos y con abogados de poco filo y alejados de todo sentido ético, el profesor Castillo siga soltando pachotadas, lo que sin duda nos asegurará el circo para varios meses más.




