Cuando todo apuntaba a que, en su calidad de titular encargado del Congreso, Fernando Rospigliosi y su partido, Fuerza Popular, habían decidido alargar por unas semanas más, apelando a tecnicismos, la convocatoria al pleno extraordinario para debatir la censura de José Jerí como presidente del Congreso –y, por ende, poner fin a su mandato presidencial– fue finalmente programada para el martes 17 de febrero.En sus redes sociales, Rospigliosi dio cuenta de la convocatoria y admitió que los promotores de la censura “subsanaron” errores y que aceptó las firmas pese a que fueron presentadas en “siete partes distintas”, algo que reconoció como “no regular”, pero que igual dio por válido. Es decir, cuando quiso, el reglamento se volvió elástico y, cuando no, fue una muralla infranqueable.
Dada la cantidad de firmas y que la censura de un miembro de la Mesa Directiva del Congreso se admite por mayoría simple, salvo que ocurra algo realmente excepcional, el próximo martes conoceremos a nuestro octavo presidente en menos de diez años si contamos desde Pedro Pablo Kuczynski. Esta inestabilidad es preocupante, pero también resultado de la profunda pérdida de confianza en las instituciones. Solo queda hacer votos para que el Congreso elija a una presidencia idónea que cierre con responsabilidad el quinquenio y entregue el cargo el 28 de julio de 2026.




