El debate sobre el hábeas corpus de Vladimir Cerrón no es solo un problema judicial, es una incógnita política que podría alterar el escenario electoral. El punto de partida es conocido: las sentencias que sustentaban su prisión preventiva fueron anuladas por el Tribunal Constitucional pero la medida cautelar continúa vigente. Cerrón permanece en la clandestinidad desde hace más de dos años. El argumento del reconocido abogado Humberto Abanto ante el Tribunal Constitucional, es la defensa del derecho fundamental de participación política en igualdad de condiciones, vulnerado si se mantiene la prisión preventiva sin sustento. Aquí aparece el dilema constitucional. Por un lado, el Poder Judicial defiende la eficacia del proceso penal y el peligro de obstrucción de la justicia por fuga. Por otro, la restricción de la libertad a pesar de sentencias anuladas afecta derechos fundamentales. Pero el caso tiene dimensión política. Si el TC concede el hábeas corpus, Cerrón podría aparecer presencialmente en plena campaña electoral y cambiar el tablero. No estamos hablando de un personaje simbólico. Cerrón es un ideólogo y un operador político experimentado. A diferencia de Pedro Castillo, que fue un símbolo social improvisado, Cerrón tiene estructura ideológica, discurso político y capacidad estratégica. Con más de treintaicinco candidatos, el umbral para pasar a segunda vuelta es muy bajo. Bastaría un crecimiento rápido de algunos puntos para alterar completamente la elección. Cerrón en campaña presencial podría reordenar el voto antisistema del interior del país, fracturar aún más a la izquierda o, incluso sin ganar, modificar decisivamente el resultado. Por eso, más que un fantasma electoral, Vladimir Cerrón es la gran incógnita de esta elección. Y aunque en Lima no lo crean mucho en el interior lo pueden percibir claramente.




