Condenable por donde se mire que el ministro de Trabajo y Promoción del Empleo, el cerronista Flavio Cruz, nombrado hace pocos días para parchar el gabinete del salida de José María Balcázar, ande en reuniones semiclandestinas con representantes de la llamada Federación Nacional de Trabajadores de la Educación del Perú (Fenatep) –gremio fundado por el golpista Pedro Castillo en 2017–, con la clara intención de reconocerlo como un sindicato formal ante el Estado.

El país no debe olvidar que esta agrupación de docentes radicales e ideologizados tiene su origen en el Movimiento por la Amnistía y los Derechos Fundamentales (Movadef), brazo “político” de la banda terrorista Sendero Luminoso. Lo dicen desde hace años no solo los expertos. Lo ha señalado también a Correo Lucio Castro, secretario general del Sindicato Unitario de Trabajadores de la Educación del Perú (Sutep), un dirigente al que nadie podrá acusar de ser parte de la “derecha terruqueadora”.

Recordemos que cuando el agitador y tirapiedras profesional llamado Pedro Castillo llegó a ser presidente, logró que este gremio de su propiedad sea formalizado como sindicato en el ministerio de Trabajo y Promoción del Empleo. ¿Y quién era el ministro? Nada menos que Iber Maraví, un abogado, docente radical y cantante que en los años 80 fue señalado por la Policía como participante activo en ataques dinamiteros en Ayacucho, al ser integrante de una célula senderista.

Más tarde, cuando cayó el régimen del golpista, el registro de ese sindicato de raíz senderista fue cancelado debido a que su inscripción fue ilegal. Todo fue una movida desde el poder para darle vida a una agrupación que tiene su origen en Sendero Luminoso maquillado bajo el nombre de Movadef, que fue impedido por la justicia peruana de participar en la vida política y electoral del país por tener su “base ideológica” en el “pensamiento Gonzalo”. Nauseabundo.

El problema no es solo el reconocimiento a un gremio que es parte de un grupo terrorista, sino que desde el Estado se estén abriendo las aulas a docentes ineptos que no solo se niegan a ser evaluados, sino que además son expertos en adoctrinamiento y lavado de cerebro. A ver si aquellos que desde la política, la academia, los medios y las ONG sacan cara por la Fenatep, pondrían a sus hijos en una escuela pública donde los profesores fueran seguidores del semianalfabeto de Castillo y del genocida Abimael Guzmán (a) “Gonzalo”.