San Juan de Lurigancho cumple 59 años de creación el martes 13 de enero y, desde este espacio cultural, les quiero recomendar un libro que avivan la memoria histórica y la identidad cultural del distrito más poblado del país: “El misterio de las aves kanchu” (Jukucha Ediciones, 2025), escrito por Lizbeth Pretell Romero, con las ilustraciones de Ricardo Puga Huamán. Como vecino luriganchino, recomiendo leer este cuento que une ficción e historia para difundir los orígenes de San Juan de Lurigancho. No solo porque tiene una trama y una parte gráfica potentes, sino porque se sostiene en investigaciones y fuentes bibliográficas sobre las zonas arqueológicas. Basándose en parte en el manuscrito del padre Francisco de Ávila, titulado “Ritos y tradiciones de Huarochirí”, la autora cuenta la travesía de los habitantes de un pueblo de los hijos del dios Pariacaca, gobernado por el curaca Tutayquire, que es asediado por el dios Huallalo Carhuincho, en un peligro que involucra, sobre todo, a los más pequeños de la comunidad. El conflicto se plantea bajo una prosa sencilla y con detalles de los primeros pobladores del distrito: sus actividades agrícolas y su apacible vida representada bajo los colores y los cantos de las bellas aves kanchu, de plumaje “color rojo carmesí y amarillo radiante como el sol”, amigos de los niños y que “cantaban según el sentir de los corazones”. El cuento explora la importancia de las kanchu en la localidad, una relación profunda que todavía resuena en el nombre del distrito. Como bien lo detalla Pretell, la palabra castellanizada Lurigancho proviene de Rurikanchu, un término quechua que significa “los kanchus del interior” o “las personas que adoraban al ave kanchu”. Mientras que se le añade San Juan por San Juan Bautista, santo patrón de San Juan de Lurigancho desde 1570. Y el relato de Pretell le da un lugar significativo y valioso a estas aves prehispánicas. Sin ser extenso, el libro también trae un glosario, un breve texto sobre la fundación de SJL y una bibliografía para ahondar en el tema. Dice un cliché (uno de mis favoritos) que no se puede amar lo que no conocemos. Y es una verdad tan grande como el Cerro Colorado, el más alto de Lima que se ubica en la quebrada Canto Grande de San Juan de Lurigancho. Conozcamos nuestra historia, amemos y cuidemos más nuestro distrito.




