Según Spotify Wrapped, es el cantante más escuchado a nivel global por encima de la diva Taylor Swift. Hace algunas semanas, fue homenajeado en los premios Billboard de la Música Latina 2025 como el Artista del siglo XXI y el próximo 8 de febrero será la estrella que verán millones de estadounidenses en el medio tiempo del Super Bowl. Estos, son solo tres recientes acontecimientos en la carrera de Bad Bunny, que el pasado fin de semana ofreció en el Estadio Nacional de Lima dos espectaculares conciertos. A diez años de haber iniciado su carrera, y convertido hoy en toda una celebridad, ya es hora de que, quienes miran por debajo del hombro sus logros, mejor analicen las razones del éxito de Benito Antonio Martínez Ocasio, y no solamente se encarguen de descalificarlo desde todos los ángulos. El muchacho, nacido en Vega Baja, quiéranlo o no, tomó al género urbano en sus diversas fusiones para iniciar su recorrido musical, y gracias a sus calculadas colaboraciones empezó a ser tomado en cuenta en la industria. Bad Bunny luego, ya con apuestas musicales a su estilo, logró que sus canciones se convirtieran en un referente de la comunidad latina y sobre todo consiguió esa conexión con el público que es el factor más importante para lograr el reconocimiento masivo; puede ser el mejor de los cantantes, pero si no tocas el alma de la gente, quedarás en el anonimato. El año pasado, cuando el artista tenía ya un repertorio en el reguetón, que es su marca de éxito, decidió darle un aire a su carrera rindiéndole tributo a sus raíces musicales y a su tierra Puerto Rico. Con el álbum “Debí tirar más fotos”, el “conejo malo” apostó por la salsa, bolero, merengue, plena, con sus respectivas fusiones. Con letras que reafirmaban su identidad boricua y latina consiguió un nuevo reconocimiento: que las generaciones que nunca lo habían escuchado, se dieran el tiempo para saber de su obra y su existencia. Hay quienes, desde el prejuicio pleno,valoran la obra de un artista, y no desde el conocimiento y el análisis serio. Te puede gustar o no un cantante, eso es lícito, pero repetir de paporreta una serie de calificativos para menospreciar una propuesta, no es lo conveniente. Decir alegremente que, por ejemplo, la música de Bad Bunny es “la decadencia de la música”, refleja una mirada poco seria al cambio, los nuevos tiempos y al idioma que habla y baila hoy la juventud.




