La Libertad enfrenta un fenómeno El Niño de fuerte intensidad que podría extenderse hasta el verano de 2027. Y, sin embargo, seguimos actuando como si tuviéramos tiempo de sobra. No lo tenemos. Entre noviembre y diciembre llegará el periodo de mayor riesgo, y lo que no hagamos antes, lo pagaremos después, con creces.
Las cuencas de los ríos Chicama, Moche, Virú, Huamanzaña y Huacapongo son zonas históricamente vulnerables. En eventos anteriores, sus desbordes arrasaron cultivos, carreteras y viviendas. Hoy, con lluvias intensas ya pronosticadas, la limpieza y descolmatación de drenes no puede seguir esperando. Cada dren sin limpiar es una inundación anunciada, y cada semana de inacción reduce nuestro margen de maniobra. El trabajo conjunto con las Juntas de Regantes, así como el reforzamiento de las defensas ribereñas, debe ser una prioridad para las autoridades.
Especial atención merecen el Canal Madre de Chavimochic y su planta de tratamiento de agua potable. De ese sistema depende el riego de miles de hectáreas y el agua de miles de familias. Un daño ahí no sería solo una pérdida agrícola; sería una crisis social de gran dimensión e irreversible, que además pondría en riesgo miles de puestos de trabajo formales que hoy sostiene la agroindustria en la región.
Virú y Trujillo concentran hoy el mayor riesgo, con una población vulnerable que bordea el medio millón de habitantes. En Virú preocupan los posibles desbordes de ríos y el impacto sobre la infraestructura de riego; en Trujillo, las obras inconclusas en las quebradas San Ildefonso, San Carlos y Galindo. Ahí deben concentrarse, con carácter de urgencia, los esfuerzos de todas las autoridades.




