José Antonio Kast asumió la presidencia en Chile. Hay un aspecto de su programa económico que merece atención desde el Perú: el rol que tendrá el Ministerio de Hacienda. La propuesta es clara. Hacienda actuará como una verdadera unidad de integración dentro del Ejecutivo. Su tarea será coordinar con las principales carteras económicas para evitar que la reactivación se trabe en la burocracia sectorial.

La agenda incluye reducir la “permisología”, agilizar la ejecución de proyectos y alinear ministerios clave como Economía, Trabajo, Energía y Medio Ambiente. El objetivo es elevar la productividad y la competitividad. Las proyecciones de crecimiento para Chile en 2026 se ubican entre 2% y 2.6%. Pero más importante que la cifra es la dirección: ordenar el aparato público para facilitar la inversión. El contraste con el Perú es inevitable. Aquí el Ministerio de Economía y Finanzas (MEF) ha perdido peso político y capacidad de acción. Hoy luce más como un árbitro debilitado que como el conductor de la política económica. Cada sector impulsa su propia agenda y el Congreso avanza con iniciativas populistas que amenazan la sostenibilidad fiscal. A ello se suma el circo político previo al proceso electoral: incertidumbre sobre la composición del próximo Congreso, la estabilidad del Ejecutivo y la continuidad de las políticas públicas. Mientras Chile busca fortalecer su conducción económica, el Perú parece resignado a debilitarla. El resultado es simple: perderemos tiempo y terreno en la competencia por atraer inversión y generar crecimiento y bienestar. Hoy nuestro MEF se parece cada vez más a un tigre sin dientes.

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