Según la socióloga y politóloga alemana Elisabeth Noelle-Neumann, existe un componente esencial que permite conocer el comportamiento electoral de una sociedad. Este componente –que no suele ser mencionado por comunicadores, ni encuestadoras, ni analistas políticos, ni aparece como elemento a integrar en el análisis de estudiosos de la opinión pública– se conoce como la “Teoría de la Espiral del Silencio”, presentada por Noelle-Neumann en 1972, en el Congreso Internacional de Psicología en Tokio. Esta teoría sostiene que las personas tienden a ocultar sus opiniones si perciben que son minoritarias, por miedo al aislamiento social o al rechazo público. ¿A qué obedece que un segmento de la sociedad decida ocultar su voto y no manifestar al libre alcance de todos, lo que piensa? Para evitar la estigmatización de propios y extraños, o las críticas ásperas e inmisericordes, para evitar ser objeto de burlas despiadadas, o ser considerado un ignorante en materia política, para evitar ser señalado como alguien que ha caído en el despreciable fango del “seguidismo acrítico”, esto es, en la actitud individual que prescinde de todo esfuerzo intelectual, o ser considerado un tonto incorregible, las personas prefieren enterrar sus opiniones y conservarlas en el subsuelo de sus conciencias, antes que verse en la intolerable situación de recibir comentarios despreciativos. Cuando se sospecha que la opinión individual es incompatible con la opinión mayoritaria del círculo social o laboral donde se desenvuelve, las personas tienden a ocultar su posición, manteniendo el voto oculto. Aquello que opera oculta y silenciosamente en el comportamiento individual de los electores es “la espiral del silencio”.




