La revisión de los planes de gobierno rumbo a las elecciones presidenciales deja una conclusión clara y preocupante: el clima aparece en el discurso, pero no orienta las decisiones. Como meteorólogo, he leído y analizado estas propuestas, y el resultado confirma una debilidad persistente en casi todas ellas.

En un país recurrentemente afectado por lluvias extremas, sequías y heladas, resulta alarmante que la variable climática siga ocupando un lugar secundario. Algunos partidos incluyen menciones al cambio climático o a la gestión del riesgo de desastres, lo que podría considerarse un avance. Sin embargo, en la mayoría de los casos, estas referencias son generales, poco técnicas y no explican cómo se usarán los pronósticos meteorológicos, los escenarios climáticos o los sistemas de alerta temprana para prevenir pérdidas humanas y económicas.

Otros partidos, incluso aquellos con experiencia previa de gobierno, tratan el clima únicamente como un tema ambiental, aislado de la infraestructura, la agricultura, el manejo del agua, la planificación urbana o la seguridad nacional. Desde la meteorología, esta separación no tiene sustento. No se puede hablar de desarrollo sin considerar lluvias más intensas, periodos secos prolongados o eventos extremos cada vez más frecuentes.

La comparación internacional es inevitable. Países como Nueva Zelanda, Alemania o Costa Rica integran la información meteorológica y climática en la toma de decisiones públicas. Allí, el clima no sirve solo para responder a emergencias, sino para anticiparlas y evitarlas.

El Perú dispone de herramientas para anticipar riesgos climáticos. Sin embargo, estas siguen ausentes del debate electoral y de la planificación nacional. Gobernar (y votar) a ciegas no es solo ignorar datos disponibles, sino renunciar a prevenir daños evitables. Votar sin exigir propuestas basadas en la realidad del país es aceptar seguir reaccionando tarde. Elegir sin clima es planificar la incertidumbre cada cinco años.

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