El escenario global está marcado por pugnas entre Estados que están empleando instrumentos diplomáticos, económicos, comerciales y militares para resolver sus conflictos. Algunos logran acercar sus intereses y asociarse. Otros imponen su voluntad basada en intereses acordes a un modo de vida que puede ser, o no, para mejor. La combinación de la alta conflictividad internacional y crisis interna en la provisión de gas, nos llevaron a poner atención en lo necesario que es tener diversificación e infraestructura energética.

En el Perú, hitos en la transición y diversificación energética fueron Santiago Antúnez de Mayolo, quien apostó por implementar centrales hidroeléctricas; la reforma del sector eléctrico (1995), que nos permitió salir de la crisis de los 80; o poner en funcionamiento Camisea (2004). Hemos ido diversificando la generación de energía: 53% mediante centrales termoeléctricas de hidrocarburos (petróleo, gas) y 37% mediante hidroeléctricas, 6% eólica y 2% solar (SEIN, 2023 /2025). Un problema es el costo de producción de energía por megavatio hora (MWh). El 2010, producir energía solar costaba unos 222 dólares por MWh frente a 45 dólares por MWh de electricidad generada por gas natural, hidroeléctrica y petróleo. La solar cuesta hoy 35 dólares por MWh. Entonces podemos planificar mayor diversificación, sin abandonar lo existente, expandiendo lo nuevo, e incluso buscar implementar plantas nucleares y geotérmicas, quedando pendiente estudios para usar el hidrógeno.

Necesitamos marcos regulatorios y solidez fiscalizadora, inversión para crecer (plantas, redes de distribución, almacenes, etc.), para desarrollar (calidad y cobertura de servicios); actuar en escenario internacional; captar socios estratégicos, impulsar la investigación universitaria y la empresa privada; así como Fuerzas Armadas con todo lo necesario para proteger nuestra diversificación energética de cualquier enemigo interno o externo.

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