En el Perú, tanto las encuestas presidenciales como los pronósticos del fenómeno El Niño se han convertido en herramientas indispensables para anticipar el futuro. Sin embargo, más allá de sus diferencias, ambas comparten un rasgo común: la mediatez. Es decir, la capacidad de influir en la conducta colectiva a través de información que, sin ser falsa, puede estar condicionada por interpretaciones, intereses o presiones.

Las encuestas electorales buscan medir el pulso de la ciudadanía. No predicen con certeza, sino que reflejan tendencias sujetas a márgenes de error y a contextos cambiantes. No obstante, su difusión puede incidir en la decisión de los votantes, generando fenómenos como el respaldo al candidato favorito o la simpatía por el rezagado. Así, más que describir la realidad, en ocasiones contribuyen a moldearla.

Algo similar ocurre con los pronósticos del fenómeno El Niño. Basados en rigurosos estudios científicos, estos anuncios permiten anticipar lluvias intensas, sequías o inundaciones. Su objetivo es prevenir desastres y orientar la planificación estatal y ciudadana. Sin embargo, cuando son exagerados o minimizados en su difusión, pueden generar alarmismo o complacencia, con consecuencias económicas y sociales significativas.

En ambos casos, se trata de información veraz, pero susceptible de convertirse en una verdad a medias cuando se presenta sin contexto ni transparencia. La responsabilidad no recae únicamente en quienes elaboran estos estudios, sino también en quienes los interpretan y difunden.

Por ello, el desafío para el país es claro: fortalecer la confianza en la información mediante el rigor, la ética y la claridad. Solo así las encuestas y los pronósticos dejarán de ser instrumentos de presión para convertirse en verdaderas herramientas al servicio del bien común.

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