El último fin de semana, por presión del gobierno de Estados Unidos, la dictadura chavista ha establecido una amnistía general a los perseguidos políticos desde 1999 y el cierre de la cárcel y centro de torturas conocido como El Helicoide, en el corazón de Caracas, donde las violaciones a los derechos humanos eran cosa de todos los días.

La noticia ha sido comunicada por la encargada de la presidencia Delcy Rodríguez, quien también ha anunciado una reforma integral del sistema de justicia que ha sido y es aún un apendice del régimen putrefacto que se mantiene en el poder a pesar de la detención del cabecilla del chavismo, Nicolás Maduro, preso en Nueva York.

Sería bueno saber qué dicen al respecto aquellos que por años han defendido a la dictadura venezolana y se negaban a condenar sus crímenes, ahora que están siendo testigos de estas medidas que son una forma de admitir que en ese país se violaban los derechos humanos y la separación de poderes era una tomadura de pelo.

Qué dirán los eternos “defensores de derechos humanos” que desde la izquierda internacional sacaban cara por una tiranía que contaba con un centro de torturas en su propia capital y que tenía jueces títeres, sirvientes del chavismo. Han hecho el ridículo y se han graduado de cínicos.