Sería una tremenda irresponsabilidad con el país que faltando apenas un mes para las elecciones generales y en estos momentos de restricciones energética, con el Niño Costero acechando y el hampa matando como siempre poniendo bombas en discotecas llenas de gente, este Congreso no otorgue el voto de confianza al gabinete de Denisse Miralles, pues eso no haría más que atizar esta crisis de varias cabezas que nos ha tomado con un presidente al que la responsabilidad le ha quedado inmensa.
Sí, el presidente José María Balcázar es un impresentable que jamás debió llegar al cargo. Es el “digno” producto de un Congreso de “mochasueldos”, “niños”, golpistas, defensores de terroristas y corruptos, apretadores, pillos y delincuentes. Desde el día uno este espacio ha sido muy crítico del actual mandatario que solo pudo ser elegido como legislador desde las filas de un sujeto como Vladimir Cerrón, y que llegó a Palacio de Gobierno con votos de las bancadas de César Acuña, José Luna y de la izquierda castillista.
Se sabía perfectamente quién era Balcázar. Ahí están las barbaridades que dijo sobre las relaciones sexuales entre hombres adultos y niñas, el proceso que afronta por el presunto robo de plata en el Colegio de Abogados de Lambayeque y sus votos en el Congreso apoyando normas sin sentido como la creación de universidades públicas que no cuentan con presupuesto. Aún así convirtieron en jefe de Estado a este personaje que fue propuesto por Guido Bellido, expremier de Pedro Castillo. ¿Querían un Winston Churchill?
Sin embargo, es necesario mirar más allá y anteponer al país, aunque sea tapándose la nariz. Acá no cabe el cálculo electoral, el pensar en que si botamos a estos ministros o los salvamos, nos irá bien o mal el 12 de abril. Además, si cae este gabinete, de dónde se van a sacar nuevos ministros. El equipo actual no será el ideal, veamos la improvisación con que se maneja la crisis energética y el llamado plan contra la inseguridad, que es una tomadura de pelo, pero qué más se puede esperar. Más bien sancionen en las urnas a quienes llevaron a Balcázar al gobierno.
Ayer, al cierre de estas líneas, se hablaba de una renuncia en el gabinete ministerial y de la salida del jefe de EsSalud, Segundo Acho Mego, una de las cuotas del nefasto Acuña que ha derivado en una de las gestiones más patéticas de la historia de esa institución que vela por la salud de miles de peruanos. El país parece encontrarse en medio de una gran turbulencia política, lo que podría tener efectos en el ánimo de la gente y el resultado de los comicios que están a la vuelta de la esquina. ¿Qué más se nos viene?




