El próximo gobierno tiene ante sí la esencial tarea de preparar a la generación peor educada de peruanos para un futuro inmediato absolutamente distinto al de hace diez años. La inteligencia artificial lo está transformando todo: la economía, la política, la comunicación y la innovación tecnológica. Como es obvio, no estamos preparados para este cambio de paradigma, sin embargo, o nos subimos al tren del futuro o condenamos a nuestros hijos a cien años de soledad e irrelevancia. Por eso, gobernar es educar. Y educar en la innovación equivale a gobernar pactando para el desarrollo y la riqueza. No hay manera de escaparnos al futuro.

De allí que el próximo gobierno tenga que refundar la educación peruana en todos sus niveles, por ser obsoleta en muchos aspectos clave. No solo se precisa una auténtica revolución tecnológica, también tenemos que diseñar una estructura maleable capaz de potenciar nuestras virtudes, pues las hay y son muchas. Cualquier intento estabilizador, cualquier política de Estado estará condenada al fracaso si no va acompañada de un plan educativo realista y ambicioso, capaz de movilizar a todo el país en torno a lo más importante que tiene una nación: la educación de sus hijos.

No basta con tener islas de eficiencia en el sector privado. Aquí, estamos hablando de la necesidad de llevar nuestra educación a las ligas mundiales, a la primera división de la innovación y la tecnología. O internacionalizamos la educación de nuestros hijos o los condenamos a la mediocridad subdesarrollada. Por eso, el próximo gobierno tiene que mirar el mundo y aplicar con decisión las políticas que ya han aplicado los países que dieron el salto hacia la riqueza. Serán decisiones duras, difíciles, incluso dolorosas. Pero el futuro del Perú bien vale el esfuerzo, nuestros hijos merecen todos los sacrificios.