Desde el próximo 7 de agosto el aire estará más limpio y respirable en Colombia y el continente, pues por fin acaba el mandato del izquierdista Gustavo Petro, un exguerrillero y enemigo de la democracia que no acepta el triunfo electoral de su rival político, Abelardo de la Espriella, y que como jefe de Estado ha sido una verdadera vergüenza, siempre bajo sospecha de andar bajo efectos de sustancias prohibidas y famoso por haber colocado como ministros incluso a un drogadicto confeso y a un actor pornográfico.

En cuanto al Perú, la presidencia de este antiguo integrante de la banda armada M-19 ha sido nefasta. No solo ha sido un incansable defensor de Pedro Castillo, al que considera víctima de un golpe de Estado. No olvidemos que Petro, quizá tras haber consumido algo “extraño”, acusó a nuestro país de ocupar ilegalmente unas islas de la región Loreto que este sujeto considera colombianas. Fue una provocación que incluyó el paso de un avión militar a espacio aéreo peruano.

Desde la segunda vuelta electoral de su país, ha estado en una postura intransigente e irracional, al extremo de desconocer los resultados simplemente porque no ganó el candidato de la izquierda que era su “ahijado”. En las últimas horas, luego de una visita al dictador cubano Miguel Díaz Canel, ha salido a acusar al primer ministro israelí Benjamín Netanyahu de haber financiado el fraude para que gane De la Espriella, quien ha ofrecido corregir todos los males dejados por el exguerrillero. Le hace falta un toxicológico urgente.

El lunes último, como para despedir con “broche de oro” su lamentable paso por la Casa de Nariño, el aún presidente Petro, quizá inspirado en su pasado violento, ha llamado a la formación de “milicias urbanas” tras un atentado sufrido por un dirigente indígena y un político de su partido. En un país con grupos armados irregulares que son un grave problema para la seguridad, este pedido es una gran irresponsabilidad, casi una salvajada que podría ocasionar más muertes.

Este enemigo de la paz, la democracia, la vida y también del Perú, por fin se va a su casa sin dejar un heredero en el poder, como era su sueño. Acá lo recordaremos también por hacer un tremendo papelón internacional al celebrar antes de tiempo el “triunfo” de Roberto Sánchez. Increíble que los hermanos colombianos hayan podido elegir como su presidente a este sujeto… aunque como peruano no pudo decir mucho, pues acá pusimos en Palacio de Gobierno a uno igual o por: Pedro Castillo.

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