El presidente del Consejo de Ministros, Ernesto Álvarez, ha dicho en entrevista a Correo que el defensor del Pueblo, Josué Gutiérrez, es “un exponente muy hábil de la izquierda”, y no le falta razón, si se tiene en cuenta que fue propuesto al Congreso por la bancada del prófugo Vladimir Cerrón, dueño de Perú Libre, y que en el pasado fue un vergonzante escudero de otra evadida de la justicia: la “nacionalista” Nadine Heredia.
Lo lamentable es que Gutiérrez, un personaje sin mayores luces políticas ni académicas, está donde está no solo por una propuesta de la izquierda radical, sino porque el resto de bancadas, incluyendo al fujimorismo, se unieron para lograr mayoría calificada y que este personaje sea elegido en un cargo que le ha quedado inmenso, el cual además usa como plataforma política con el mayor desparpajo.
Gutiérrez quizá sea la más grande muestra de los oscuros arreglos que se han hecho en este Congreso del olvido, en que incluso las fuerzas más enfrentadas se han unido cuando había un interés de por medio. Quizá por eso alguien ha usado el término “fujicerronismo”. De hecho había mejores propuestas, pero todos se fueron con la que venía de Perú Libre, de un prófugo de la justicia.
Lástima que una institución que algún día fue importante para el país, haya caído en manos de un operador político de la izquierda.
Es lo que nos dio este Congreso de “mochasueldos”, “niños”, pillos, convenidos y sinvergüenzas.




