El Seguro Social de Salud (EsSalud) refleja una de las mayores distorsiones del sistema público peruano: está financiado principalmente por el sector privado, pero gestionado bajo criterios políticos. Esta desconexión entre quién aporta y quién decide, explica buena parte de su crisis estructural.

EsSalud se sostiene, en esencia, con el aporte del 9% sobre la planilla que realizan los empleadores formales. Son las empresas —y, en consecuencia, el empleo formal— las que financian la atención de millones de asegurados. Sin embargo, la conducción de la institución no responde a estos aportantes, sino al Estado, que designa a su presidente ejecutivo y define su rumbo. El resultado es una gestión marcada por la inestabilidad, la politización y la falta de incentivos para la eficiencia. Cambios constantes en la dirección, decisiones de corto plazo y ausencia de rendición de cuentas han deteriorado progresivamente la calidad del servicio. Para el usuario, esto se traduce en esperas interminables para citas, escasez de medicamentos y una atención que muchas veces no llega a tiempo.

Lo más preocupante es que no se trata de un problema sin solución ni de falta de recursos. Existen dentro del propio EsSalud experiencias que demuestran que una gestión distinta sí funciona. Los hospitales Alberto Barton y Guillermo Kaelin, desarrollados bajo esquemas de Asociación Público-Privada (APP) y administrados actualmente por una empresa privada, han alcanzado mejores estándares de atención, eficiencia operativa y satisfacción de los pacientes. La diferencia clave es la gestión: el Estado mantiene la rectoría y fiscalización, pero la operación está a cargo de un privado especializado, con metas claras y planificación efectiva.

¿Por qué no replicar lo que ya funciona?

La reforma de EsSalud debe partir de dos decisiones fundamentales. Primero, alinear la gobernanza con su financiamiento: quienes sostienen el sistema (sector privado) deben tener un rol decisivo en su conducción y dirección. Segundo, expandir el modelo APP como estándar de gestión, replicando experiencias exitosas que ya han demostrado su valor. EsSalud no necesita más recursos, sino mejores decisiones. Mientras el dinero provenga del sector privado pero el control permanezca en la lógica política, la ineficiencia persistirá.