El debate fiscal peruano suele comenzar por la pregunta equivocada: cuánto más podemos gastar. Antes deberíamos preguntarnos cómo estamos utilizando los recursos que ya tenemos.

En los últimos años, el gasto corriente, particularmente el destinado a planillas del Estado, ha crecido aceleradamente en todos los poderes y niveles de gobierno, sin que ese incremento se traduzca necesariamente en mejores servicios públicos. Esa trayectoria reduce el margen para financiar infraestructura y obliga a pensar en mecanismos que permitan usar los recursos con mayor inteligencia.

Obras por Impuestos puede ser uno de ellos, pero requiere una mirada distinta. Para 2026, los gobiernos regionales y locales cuentan con topes CIPRL cercanos a S/ 66 mil millones. En lugar de atomizar esa capacidad en cientos de intervenciones aisladas, podríamos concentrarla en proyectos priorizados de alcance regional o multirregional: corredores logísticos, infraestructura productiva, agua para nuevas zonas industriales o conexiones que articulen cadenas productivas con puertos y aeropuertos. La clave está en la palabra priorización.

Por eso, expandir OxI sin una estrategia nacional también puede generar presión fiscal y, eventualmente, mayores necesidades de endeudamiento. Si cada autoridad prioriza proyectos únicamente desde su jurisdicción, sin conexión con objetivos productivos, territoriales y nacionales, podemos trasladar la atomización presupuestal hacia otro mecanismo.

Necesitamos hacer exactamente lo contrario: utilizar OxI para ordenar la inversión alrededor de prioridades estratégicas.

Generar espacio fiscal no consiste solamente en recaudar más. También significa gastar mejor, priorizar mejor y lograr que cada sol comprometido produzca mayor desarrollo. Esa es una discusión fiscal que el país no puede postergar.