Si hay algo bueno que traen las dos últimas encuestas publicadas el fin de semana, es la casi desaparición de José Luna, los que lo acompañan y su partido, pues Datum le da 2,1% de intención de voto e Ipsos apenas 2%, suficiente como para no pasar la valla electoral, suficiente como para ilustrar la manera en que la farsa y la demagogia se pagan en las urnas, porque hay gente que ya no cree en estos personajes que usan la política y el poder para su beneficio.

Luna es un congresista que creyó que si desde el Congreso promovía una y otra vez los cuestionados retiros de fondos de las AFP de las cuentas personales de cada aportante, la gente se lo iba a agradecer y votaría por él. Craso error. El ciudadano no es tonto, sabe que es su propia plata. Algo similar quiso hacer con los afiliados a la ONP, con el sueño de atraer más adhesiones, pero semejante atentado a las arcas públicas no pasó de una nefasta oferta electorera.

Este caballero que hizo fortuna como dueño de universidades truchas que el Estado tuvo que cerrar porque impartían formación de bajísima calidad, luego la quiso pegar de “comunista”, al llevar en sus listas congresales a gente lamentable como Raúl Noblecilla, Guido Bellido y a la madre de Betssy Chávez, para así atraer el voto castillista y radical. Intentó presentarse como lo que es ahora el farsante de Roberto Sánchez, pero tampoco le resultó. El oportunismo electorero era más que evidente.

El último intento de Luna por ser protagonista en estas elecciones fue al mostrarse al lado del exministro del Interior Daniel Urresti, a quien trató de promocionar como el único capaz de acabar con la criminalidad. Tampoco le hicieron caso. Por un lado, tenía como “alfil” a quien fue condenado por el asesinato de un periodista y por otro quería los votos de la izquierda que se dice “defensora de los derechos humanos”. Desde ese momento comenzó a caer en las encuestas hasta llegar a los tristes números que notamos por estos días.

Por lo visto, Luna y su partido no pasarán la valla electoral, y esto es algo bueno para el país que debería comenzar a desterrar a este tipo de políticos que nada aportan, que en verdad son un lastre. Pero quizá también se le esté haciendo un bien al propio dueño de Podemos, que ahora podrá tener más tiempo para tratar de salvarse de la cárcel, pues el Ministerio Público está pidiendo para él 22 años de encierro por presuntamente inscribir su partido luego de infiltrar al desaparecido Consejo Nacional de la Magistratura (CNM). Una tremenda “joya”.

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