Julio Iglesias, 82 años, ídolo en retiro, vuelve a ser el centro de la atención como en sus buenas épocas, y no precisamente por esos hits que lo encumbraron. El mundo nuevamente escucha su nombre, pero esta vez asociado a una denuncia que podría echar por la borda una carrera que construyó toda una vida. Dos exempleadas del artista, que trabajaron en sus casas de República Dominicana y Bahamas en 2021, lo denunciaron por acoso y agresión sexual. Los testimonios fueron publicados por eldiario.es y Univisión Noticias, cuyos periodistas defienden su investigación, que afirman, les tomó tres años de arduo trabajo. Tras la difusión de las acusaciones y la repercusión que tuvo a nivel mundial, el cantante español usó sus redes sociales para defenderse: “con profundo pesar, respondo a las acusaciones realizadas por dos personas que anteriormente trabajaron en mi casa. Niego haber abusado, coaccionado o faltado al respeto a ninguna mujer”, escribió Iglesias. El artista, que en 2019 decidió alejarse de los escenarios, a partir de ahora tendrá que enfrentar un escenario que nunca imagino, que lo aleja de esa imagen que él mismo creo, el del insaciable latín lover, para dar paso al de un depredador que utiliza su posición dominante para el abuso. A raíz de lo sucedido, diversos medios han empezado a difundir videos en los que se ve al cantante en actitud invasiva con reporteras y conductoras de televisión, situación que hoy se rechaza en todo ámbito. También se recuerdan sus diversas declaraciones en los que se jactaba de su desbordado apetito sexual, que además, lo admitía con orgullo, un plus en su vida; como las afirmaciones de haber tenido relaciones sexuales con más de 3 mil mujeres. En 2010, en un show en Punta del Este, contaba a su público: “Yo tenía una cábala, o un capricho, que era el siguiente: no podía subirme a un escenario si antes no hacía el amor”. Reza un viejo dicho: “Uno es dueño de sus silencios y esclavo de sus palabras” , y hoy el intérprete de “Me olvidé de vivir”, “Lo mejor de tu vida”, y “Quijote”, sin imaginar lo que enfrentaría al final de su vida, deberá defender su inocencia llevando sobre los hombros una imagen que él mismo se encargó de alimentar. La denuncia que enfrenta el español ya está en manos de la autoridades, quienes deberán evaluar si esta procede o no.