El gesto de Julio Guzmán de salir corriendo de un edificio que comenzaba a alzarse en llamas, y que ha sido calificado de acto cobarde por gran parte de la opinión pública -y por supuesto por mí también-, al no enfrentarlo con valor, buscando asegurar que las personas que permanecían en su interior, pudieran quedar a buen recaudo, lo descalifica totalmente. El cobarde adolece de falta absoluta de valor para afrontar una situación difícil y por esa razón huye despavoridamente pues no tiene agallas para sortear con hombría, decisión y honor una circunstancia riesgosa con capacidad y temple para sortear serenamente el escándalo como precio por su condición de hombre público. El cobarde jamás mira a los ojos y conspira detrás de la cortina. Veamos a algunos tristemente célebres cobardes en la historia universal. 1° Marcus Junius Brutus, lacayo y títere dominado por Casio, enemigo acérrimo de Julio César, junto con otros senadores de Roma, porque ni siquiera se atrevió a hacerlo solo por el riesgo a fracasar, asesinaron al César, consumando el mayor crimen conocido durante la Gran Guerra Civil Romana del mundo antiguo. 2° Aunque después se reivindicaron, la negación de Pedro y otros apóstoles de Jesús, que lo conocieran luego de que el nazareno fuera retenido por órdenes del Sanedrín judío que, dominados por los celos y la ira -habían sido opacados por la inmensa figura del Mesías- lo pusieron en manos de los romanos para que sea enjuiciado, fue un acto cobarde. 3° Aunque no lo creo, para muchos el mariscal francés Henri Pétain -héroe en la defensa de Verdún (1916) durante la Primera Guerra Mundial- que sustituyó al primer ministro Paul Reynaud luego de la ocupación de París por las tropas nazis en 1940, fue un cobarde pues antes de alentar las guerras de guerrillas para frenar a los alemanes, propició un armisticio; 4° Sin embargo, en el caso de nuestra historia nacional, pocos dudan de que fuera un completo cobarde Agustín Belaunde durante la defensa de la Plaza de Arica en la Guerra con Chile. No resuelto a defenderla y al no tener eco su propuesta una capitulación, huyó días antes de la epopeya del 7 de junio de 1880, camino hacia Arequipa. Sin duda, los cobardes son la mayor ignominia para la moral nacional de los pueblos.