El ausentismo electoral fue muy notorio en la primera vuelta presidencial. Dejó cifras preocupantes, más de 7 millones de peruanos no acudieron a las urnas. La mayoría de Lima. El distrito más afectado fue Miraflores, el 26.505% no fue a votar. Lo sigue San Isidro con 25. 815%. Mientras en Lince, San Borja y Surco la cifra fue de 22%. En todos, ganó largamente Renovación Popular. Si estos porcentajes se hubieran reducido, Roberto Sánchez no hubiera estado en el balotaje.

Algunos optaron por la abstención voluntaria, mientras otros enfrentaron dificultades vinculadas a la ONPE. Lo cierto es que una democracia fuerte requiere participación ciudadana y no puede darse el lujo de normalizar la indiferencia o la desafección política. Lo ideal sería que en esta segunda vuelta la asistencia aumente significativamente, tanto dentro del país como entre los peruanos residentes en el extranjero, donde históricamente los niveles de participación suelen ser reducidos. Recuerden que quien llegue a Palacio será por nuestra responsabilidad. Nosotros lo vamos a poner allí. Más allá de las preferencias políticas de cada ciudadano, la elección que se aproxima tendrá consecuencias profundas para el futuro del Perú. Se trata de una decisión que influirá en la economía, la seguridad, la institucionalidad y las oportunidades de millones de personas. Para bien o para mal. Por ello, la apatía no puede imponerse sobre la responsabilidad cívica. Votar es mucho más que un derecho; es una forma de participar en la construcción del país que queremos. En tiempos de incertidumbre, la democracia se fortalece cuando los ciudadanos asumen su papel con compromiso y convicción.

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