De los 100 días que José Jerí lleva encargado de la presidencia de la República, Lima y Callao han pasado 90 días bajo estado de emergencia y, ayer, la medida ha sido ampliada por 30 días más.

El Ejecutivo defiende esta decisión aduciendo que es “necesaria” y que ha sido efectiva para controlar la inseguridad ciudadana, pero ¿qué tan necesario y efectivo puede ser algo que ha demostrado ser un fracaso?

Las propias cifras oficiales desmienten al Gobierno: el 2025 cerró con 2,213 homicidios, el año más sangriento desde que hay datos, con un promedio de 6.07 asesinatos diarios y un repunte claro durante la administración Jerí. De esos casos, 444 homicidios corresponden ya a su gobierno, con un promedio de 5.55 crímenes diarios, un promedio superior a toda la gestión de Dina Boluarte.

En Lima y Callao, el estado de emergencia de Jerí tampoco se tradujo en calma: en los primeros 55 días bajo esta medida se registraron 113 homicidios, más del 80% por proyectil de arma de fuego y, en el 2026, la crisis se agudizó pues solo en los primeros diez días de este año se contaron 55 asesinatos en el país, 25 en Lima y Callao.

Con estas cifras, cualquiera se da cuenta que el estado de emergencia solo sirve para que el gobierno pueda decir “estamos haciendo algo” cuando la ciudadanía los cuestione por tantos crímenes y muertes sin sentido.