Talleyrand, Metternich, Kissinger, todos estos grandes diplomáticos, en tanto hombres de Estado, comprendieron perfectamente las reglas de la política internacional y las aplicaron a sus respectivas circunstancias. Una de ellas, esencial en su simplicidad, es que los estados tienen razones e intereses supremos, siendo el primero, el de su propia supervivencia. Sobrevivir y consolidarse hasta el liderazgo y la hegemonía, sobrevivir en paz aunque preparados para la guerra, sobrevivir en un orden multipolar, de cambios tecnológicos y guerras económicas y culturales.

Siendo la supervivencia el imperativo primordial, la posición internacional del Perú ha de definirse en función a este escenario complejo de cambios constantes. Y para eso hace falta mentes finas capaces de sopesar los riesgos y restablecer los equilibrios. En Torre Tagle tenemos una de esas mentes imprescindibles. El canciller Hugo de Zela, en la mejor tradición de nuestra diplomacia, ha conseguido un logro fundamental para el Perú al restablecer el equilibrio consolidando nuestra alianza con los Estados Unidos, la gran potencia mundial. Ciertamente, la Unión Europea y China son columnas del orden internacional, pero optar por el distanciamiento ideológico con los Estados Unidos es peor que un crimen, es un gravísimo error.

El canciller de Zela ha actuado con visión y valentía, con coraje y estrategia. Este año nuevo nos trae una vieja verdad, el mundo es multipolar, pero la potencia hegemónica continúa actuando según la lógica del poder, como lo dijo hace veinte años Robert Kagan. Tal vez algunos crean que viven en Venus, pero la realidad es que Marte impera. Roma quiere ser Roma. En Caracas, en Teherán y en dónde haga falta. De Gaulle lo comprendió bien: independencia y alianzas firmes, esa es la base de la autonomía y la disuasión efectiva.