La aprobación de las facultades legislativas por parte del Senado, el pasado 21 de octubre, significó el primer triunfo del oficialismo en el Congreso. Con 35 votos a favor, 18 en contra y seis abstenciones, el Gobierno obtuvo autorización para legislar durante 90 días sobre 27 materias.Este resultado merece varias lecturas. La primera es que el Ejecutivo logró construir una mayoría parlamentaria. La abstención de Buen Gobierno y el respaldo de Obras facilitaron el cuórum y la aprobación de las facultades solicitadas. Entretanto, Ahora Nación y Juntos por el Perú quedaron como el núcleo duro de la oposición.Con ello, Galarreta demostró una muñeca política que hasta ahora brillaba por su ausencia en el oficialismo. Pero hubo algo más: el Senado estrenó su capacidad de enmendarle la plana a la Cámara de Diputados. A las 20 materias inicialmente aprobadas, la Comisión de Constitución añadió otras siete relacionadas con seguridad, ampliando así las facultades del Ejecutivo en uno de los ámbitos que la Cámara Baja había delimitado. No se atrevieron a más. Quedó claro que el Gobierno está dispuesto a negociar y que la aparente solidez del bloque opositor comienza a resquebrajarse. La posibilidad de obtener cargos y proyectos de inversión regional puede terminar seduciendo a quienes hasta ayer rechazaban cualquier acercamiento. Además, superadas las elecciones, el costo político de acompañar al fujimorismo disminuye considerablemente, al menos durante los próximos años.Así, el tablero político comienza a reacomodarse y la gobernabilidad parece encontrar una salida. Sin embargo, Keiko Fujimori debe comprender que construir mayorías no equivale necesariamente a gobernar de forma efectiva. Conseguir los votos en el Congreso es un medio para alcanzar resultados. Si estos no llegan, las dificultades para su Gobierno serán mayores.




