La izquierda cavernaria que tenemos y que aspira a tomar el control del país el próximo 28 de julio no solo es fiel defensora del fracasado “modelo boliviano” que ha llevado al vecino país al desastre, sino también de su líder –o cabecilla– , un personaje que aparte de radical, inepto y acusado de pedofilia, no cree en la democracia al extremo que desde el lugar donde se esconde para no ir preso, está pidiendo la salida del actual presidente Rodrigo Paz, que trata de corregir el desmadre generado por el comunista y su gente.

Al igual que el golpista Pedro Castillo, su imitador Roberto Sánchez es un fiel émulo de Morales, el dirigente cocalero y agitador profesional que llegó a ser presidente en 2006 para no querer irse nunca a través de cambios constitucionales y sucesivas reelecciones, hasta que en 2019, ante unos comicios burdamente amañados, tuvo que salir por la puerta falsa del lujoso depa de soltero que se construyó en la parte posterior del Palacio Quemado, para ir a esconderse por algún tiempo en países aliados al “socialismo del siglo XXI”.

Este sujeto, prófugo de la justicia por pedófilo, que aplicó el socialismo en su país con las mismas recetas que tratarán de imitar Sánchez y Juntos por el Perú por más que ahora nos digan que se han moderado, que pisan tierra y casi que nos traerán a los alumnos de los Chicago Boys para manejar la economía, es el gran responsable de la crisis que atraviesa Bolivia, donde el gobierno de Paz está intentando rectificar el rumbo para no terminar de irse al abismo en medio del sabotaje comunista.

Proponer que en el Perú reinará el “modelo boliviano” es como anunciar el descalabro de la economía, el fin de la fortaleza de nuestra moneda y también el adiós a la democracia y la separación de poderes, pues no existe otro camino cuando el poder cae en manos de radicales como Sánchez, el candidato del sombrero que hace pocas semanas celebraba las propuestas apocalípticas de su siamés Antauro Humala, y ahora muestra como aliado a un pobre payaso que hizo de alcalde de Trujillo mostrando un huaco erótico de plástico.

Veamos cómo está Bolivia en estos días: paralizada por las protestas azuzadas por Morales, quien así, porque se le ocurrió, exige nuevas elecciones en las que pueda participar una vez más. Así son, se creen los dueños de los países y no les gusta soltar el poder. ¿Y la democracia?, ¿la institucionalidad?, ¿los plazos constitucionales? No les interesan. Para ellos son “pelotudeces democráticas”, como diría desde Piedras Gordas Guillermo Bermejo, el aliado de Sánchez condenado por afiliación a Sendero.