Los dogmas ideológicos del mundo Woke han instaurado el uso de las #Etiquetas como una metodología para neutralizar o invalidar la oposición al pensamiento único progresista. Esta estrategia se sostiene en una estructura mediática asalariada que esparce sistemáticamente estos calificativos, popularizando términos como #ExtremaDerecha, #UltraDerecha, #Fachos y, más recientemente, en el Perú, #ProCrimen. Estos activistas marcan la pauta y los noticieros de turno replican la consigna incesantemente, aplicando la filosofía de que una mentira repetida mil veces se convierte en verdad.

Esta coordinación lingüística es repetida en coro por opinólogos a sueldo que saturan los espacios mediáticos. Así van introduciendo las etiquetas que marcan tendencias, alimentando a los algoritmos que priorizan la inmediatez. El debate profundo es reemplazado por clips de treinta segundos sacados de contexto y reels orientados para la reacción visceral. Resulta alarmante observar cómo operan en simbiosis con la tecnología para implantar estos sesgos en la percepción pública.

Este mecanismo será explotado en la próxima campaña electoral; lo que presenciamos hoy es apenas un ensayo de la manipulación venidera. De este modo, con esta metodología han fabricado ídolos de barro y falsos héroes callejeros. Vemos intentos de humanizar el terrorismo o relativizar la violencia en las protestas sociales.

Estamos ante una maquinación perversa, montada bajo la bandera de la moralidad y la lucha anticorrupción, cuyo fin último es adormecer a unas juventudes que consumen información exclusivamente a través del Feed donde el algoritmo decide qué mostrarles. La vieja manipulación marxista ha migrado, con éxito, al ecosistema digital.