Dice una vieja frase que “dios es peruano”, y ojalá sea cierta, pues en nuestro país, en tiempos de por sí convulsos con una ola de violencia que nadie logra detener, las elecciones que se vienen en abril y un Niño Costero que amenaza con ocasionar pérdidas diarias de 291 millones de soles, sumado todo esto a que estamos al amparo de un gobierno improvisado y sin rumbo, acechado por políticos ávidos de votos y cuotas de poder, vamos a necesitar una mano divina para salir airosos de todo esto.

Desde la caída el desgracia de José Jerí, no se ha vuelto a ver mayor acción contra la criminalidad. Ni para la foto. Del plan contra la inseguridad ciudadano, no hay rastros. Es más, al nuevo ministro del Interior recién se le ha podido ver ayer, dos días después de su jura al cargo. Mientras tanto, siguen robando y matando. Hace dos noches asesinaron a un chofer de una línea de buses que va a San Bartolo. Y eso que el presidente José María Balcázar ha dicho que la lucha contra la delincuencia es prioridad.

Respecto a la furia del clima en Arequipa, que el mandatario supo de su existencia a través de la televisión, la gente sigue clamando apoyo. En Ica el tránsito por la Panamericana Sur es crítico. Al norte la cosa está igual de compleja. Miren cómo están Tumbes y Piura. En el caso de Máncora, los negocios ligados al turismo se han ido al suelo. En La Libertad temen la activación de quebradas y que los huaicos pasen otra vez por el centro de Trujillo. ¿Qué plan hay contra esta situación, aparte de visitas de unos minutos a las zonas afectadas?

En simultáneo tenemos a un grupo de políticos al acecho, frotándose las manos para ver qué se llevan de esta crisis, sea uno que otro ministerio, el manejo de EsSalud, una embajada o quizá la opción de ganar votos a través de maniobras en el Congreso, como ha sido la destitución de un presidente a través de la censura cuando correspondía la vacancia, y el haberse aliado con Vladimir Cerrón para colocar en Palacio de Gobierno a un comunista como Balcázar, que tuvo que armar un gabinete a último minuto.

Sería bueno saber qué culpa tiene de todo este desmadre el peruano que es asaltado en la puerta de su casa, el transportista que tiene que huir de los sicarios, el arequipeño que termina una noche con el barro metido en su sala y comedor, o el piurano que pierde sus sembríos y llama por ayuda del gobierno que nunca llega, todo en momentos en que los políticos de siempre andan haciendo cálculos para ver qué ganan. Los ciudadanos no deben olvidarlos al momento de votar.