Desde antes de ser elegido defensor del Pueblo con los votos de la izquierda y el fujimorismo en el Congreso anterior, era evidente que Josué Gutiérrez no estaba para tan importante cargo. Sin embargo, por algún acuerdo bajo la mesa se alcanzaron los votos para que este triste personaje se ponga al frente de una institución a la que parece haber llegado sólo para hacer baja política, sacar cara por cuestionados intereses y hasta casi fomentar el ilegal cierre del Poder Legislativo.

Se conocían sus antecedentes, algunos vergonzantes como los de haber sido uno de los más grandes ayayeros de Nadine Heredia cuando él era congresista y ella “cogobernaba” con su esposo, y por su trabajo como abogado de Vladimir Cerrón, el dueño de Perú Libre. Pero también es recordado por aparecerse en Moscú con uno de los hermanos de Ollanta Humala para tomar contacto con autoridades rusas a fin de tratar temas supuestamente de Estado, cuando nadie les había dado ese encargo. Qué “negocio” habrá querido hacer este par.

Por estos días hemos visto a Gutiérrez como un insólito escudero del despilfarro que significa mantener a Petroperú en las actuales condiciones. No se sabe si este señor es defensor del Pueblo o defensor de la manera en que se bota la plata de todos los peruanos para que siga a flote de manera artificial esta empresa estatal que financieramente es un desastre. Los sindicatos de la compañía que exigen beneficios como si estuvieran en la más próspera petrolera árabe o texana, deben estar muy felices.

Pero lo más grave lo hemos oído hace pocas horas, con un comentario absolutamente desafortunado que debe haber dado en la yema del gusto a los conspiranoicos de la izquierda que afirman que como Alberto Fujimori cerró el Congreso hace 35 años, su hija hará lo mismo. Gutiérrez ha indicado, como gran “oráculo” de la política, quizá basado en los “aprendizajes” logrados en sus tiempos de abogado de Cerrón, que si eso ocurre, la popularidad de la mandataria se dispararía 20 puntos. Lamentable.

Si estas palabras ameritan que el Congreso mande a su casa a este señor, como han comentado algunos legisladores, es algo que tendrá que verse más adelante. Sin embargo, lo que es un hecho es el cargo le ha quedado inmenso a Gutiérrez, y que la imagen de la Defensoría del Pueblo está por los suelos desde que este señor, sin mayores pergaminos académicos y profesionales, logró los votos necesarios para un nombramiento que jamás debió concretarse.

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