Faltan dos días para las elecciones y quien vote por Roberto Sánchez jamás podrá alegar que lo sorprendieron o lo engañaron, pues es por todos conocidos que este sujeto es un radical que está tratando de llegar al poder en alianza con un criminal como Antauro Humala, que pretende cambiar la Constitución que nos ha traído crecimiento y estabilidad económica, y que ha asumido compromisos con personajes vinculados a grupos terroristas, algunos de los cuales, incluso, serán senadores y diputados.

Hace pocas horas, el mismo Humala ha dicho al periodista Fabricio Escajadillo que Sánchez no seguirá ninguna “hoja de ruta” moderada como lo hizo su hermano Ollanta en 2011, lo que deja en claro que la propuesta radical de Juntos por el Perú sigue vigente, salvo para aquellos “inocentes” que quieran creerle. Además, durante actividades proselitistas en Puno y Arequipa, el candidato de la izquierda ha ido en el mismo sentido. La falsedad para ganar algunos votos, es más que evidente.

Además, quién en su sano juicio podría creer que Sánchez se ha moderado en tres semanas, cuando hace poco ha suscrito “acuerdos” con grupos vinculados a bandas terroristas para favorecer a extremistas y revoltosos metidos en problemas con la justicia, como ha señalado Perú 21. A eso se suma que el candidato de Juntos por el Perú se ha rodeado de exministros del golpista Pedro Castillo, al que insiste en indultar. Es más, el postulante ha dicho que el día de los comicios estará al lado de su “líder” en el penal Barbadillo. Una total vergüenza.

Y por último, la careta de “moderado” del “gurú económico” de Juntos por el Perú, Pedro Francke, también ha resultado siendo un tremendo cuento, pues como ha recordado el colega Aldo Mariátegui, dos días antes de la primera vuelta electoral, el economista escribió en Hildebrandt en sus 13 que votaría por Venceremos, el partido del presidiario Guillermo Bermejo y Vicente Alanoca, que finalmente tuvo como candidato presidencial al radical Ronald Atencio, quien ofrecía estatizar, expropiar y convertir al Perú en Venezuela.

Las cartas están sobre la mesa. Todos sabemos quién es Sánchez, como para que después nadie diga que no sabía, que lo sorprendieron o que “no me representa”. Ya sucedió tras el triunfo de Castillo en 2021, el candidato del Movadef, cuando muchos tuvieron el desparpajo de afirmar que votaron por él, pero no por Dina Boluarte ni por el partido de Vladimir Cerrón, y que desconocían que era un aliado de bandas armadas. El país ya no está para un nuevo salto al vacío.

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